"En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía; porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas......." Lucas 12: 1-3.
Jesús condenó la hipocresía, que en materia de religión se refiere a aparentar un estilo de vida que no es real, sino de apariencias. En otras palabras fingir ser seguidor de Jesús y sin embargo no vivir de acuerdo a sus normas y mandamientos. Los Fariseos eran especialistas en esta forma de vida, de falsedad, de doble moral, de apariencias y de simulación . Ellos buscaban la aprobación humana y poco les importaba cumplir realmente la voluntad de Dios. Jesús vino a desenmascararlos, y probó con hechos que no eran más que sepulcros blanqueados; pero llenos de podredumbre en su interior. El mundo está lleno de personas de ese tipo, por lo que el llamado de Jesús para sus discípulos es de llevar una vida cristiana TRANSPARENTE, en todo el sentido de la palabra. Jesús nos advierte que llevar una forma de vida íntegra y leal a Él nos evitará de muchos problemas, y que no debemos jugar a tener secretos, pues tarde o temprano las cosas se saben, salen a la luz y que vergonzoso es para una persona que se sepan sus secretos, si estos son malos y atentan contra la verdad y la pureza. Muchas personas piensan que el tiempo se encarga de cubrir los secretos, y que pueden llevarlos a su tumba; pero esta forma tan miope de ver las cosas, nos lleva a un gran dilema: Dios todo lo sabe y Él precisamente nos juzgará. El pecado del adulterio es un buen ejemplo de situaciones que se mueven en el sigilo y los secretos; pero acaso nos podemos ocultar de Dios?
Los gobiernos también a veces caen en las intrigas, los secretos, las operaciones de bandera blanca etc. pero cuando estas cosas se salen a la luz quedan desenmascarados y pierden credibilidad; no así el seguidor de Jesús, cuya vida es como una carta leída por todos los hombres 2a de Corintios 3: 2.
Jesús es nuestro mejor ejemplo de una vida de consagración y lealtad a Dios. Él no anduvo falseando nada, ni quizo agradar a nadie, no buscó la aprobación humana y siempre fue fiel a su Padre celestial, por eso Dios lo premió sentándole a su diestra, en su trono, dándole todo el juicio de las naciones.
Si nosotros somos cartas leídas por todos los hombres, que clase de mensaje damos?
preguntémonos: ¿el mundo glorifica a Dios, al ver nuestras buenas obras?
Jesús condenó la hipocresía, que en materia de religión se refiere a aparentar un estilo de vida que no es real, sino de apariencias. En otras palabras fingir ser seguidor de Jesús y sin embargo no vivir de acuerdo a sus normas y mandamientos. Los Fariseos eran especialistas en esta forma de vida, de falsedad, de doble moral, de apariencias y de simulación . Ellos buscaban la aprobación humana y poco les importaba cumplir realmente la voluntad de Dios. Jesús vino a desenmascararlos, y probó con hechos que no eran más que sepulcros blanqueados; pero llenos de podredumbre en su interior. El mundo está lleno de personas de ese tipo, por lo que el llamado de Jesús para sus discípulos es de llevar una vida cristiana TRANSPARENTE, en todo el sentido de la palabra. Jesús nos advierte que llevar una forma de vida íntegra y leal a Él nos evitará de muchos problemas, y que no debemos jugar a tener secretos, pues tarde o temprano las cosas se saben, salen a la luz y que vergonzoso es para una persona que se sepan sus secretos, si estos son malos y atentan contra la verdad y la pureza. Muchas personas piensan que el tiempo se encarga de cubrir los secretos, y que pueden llevarlos a su tumba; pero esta forma tan miope de ver las cosas, nos lleva a un gran dilema: Dios todo lo sabe y Él precisamente nos juzgará. El pecado del adulterio es un buen ejemplo de situaciones que se mueven en el sigilo y los secretos; pero acaso nos podemos ocultar de Dios?
Los gobiernos también a veces caen en las intrigas, los secretos, las operaciones de bandera blanca etc. pero cuando estas cosas se salen a la luz quedan desenmascarados y pierden credibilidad; no así el seguidor de Jesús, cuya vida es como una carta leída por todos los hombres 2a de Corintios 3: 2.
Jesús es nuestro mejor ejemplo de una vida de consagración y lealtad a Dios. Él no anduvo falseando nada, ni quizo agradar a nadie, no buscó la aprobación humana y siempre fue fiel a su Padre celestial, por eso Dios lo premió sentándole a su diestra, en su trono, dándole todo el juicio de las naciones.
Si nosotros somos cartas leídas por todos los hombres, que clase de mensaje damos?
preguntémonos: ¿el mundo glorifica a Dios, al ver nuestras buenas obras?
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